Y no es que sea bruja, pero supe desde el momento en que le di mi tarjeta que eso ocurriría.
Como buen amo y señor de la colonia, se estacionó en doble fila, se bajo para abrirme la puerta (no si antes chulearme lo bella que estaba ese lunes por la mañana) me entregó una flor y comenzó nuestra travesía sin rumbo fijo.
Al principio mi charla era solamente de trabajo, ese había sido el pretexto para tomarnos el café, pero conforme iban pasando las horas, me encantaba más la platica, su sonrisa, el humor negro con el que ve la vida y la manera sutil en que tocaba mi mano cada vez que cambiaba la velocidad del coche.
También me gusto cuando hablaba en futuro: la próxima vez que nos veamos te voy a llevar a que conozcas una tienda de antigüedades que te va a encantar.
Si se ve cabrón y habla como cabrón definitivamente es cabrón y en otras palabras Franco es del tipo de cabrón que siempre me ha atraído.