Paula hacía cosas extrañas pretendiendo que le creyéramos que tenía lana, por ejemplo decir que el coche en el que iban por ella ( un destartalado VW de los setenta) era el del chofer, presumir que pertenecía a X club social, jamás decir la ubicación exacta de su casa, entre otras curiosidades.
Obvio de niño tienes una capacidad de dudar proporcional a la de creer y todos fingíamos que tenía lana y ella fingía que nosotros le creíamos, era como un círculo vicioso. Así pasaron los años y tiempo después, ya en prepa, ella seguía con la loca idea de que vivía en un mundo nice con cosas nice.
Nunca se me ocurrió acercarme a ella y preguntarle por qué hacía eso, creo que ella era feliz viviendo su cuento de hadas y yo me preocupaba más por otras bobadas escolares, lo que sí es que tampoco nunca me pasó por la mente la idea de ser su amiga, me cagaba tener que fingir que le creía aún fuera del horario escolar.
El otro día, después de mucho darle vueltas a un asunto, me atreví a quitarme otro tipo de antifaz frente a una persona que estimo muchísimo. Al final decir la verdad no me fue tan complicado y menos pensando en todos los malos entendidos que me puede haber evitado.
Esa noche no pude evitar el sentirme Paula Sierra, me desconocí frente al espejo y me pregunté: qué gano con creer que engaño a la gente si finalmente me engaño a mi misma?

2 comentarios:
1 Chaleee, Me recordó algo muy malo de Lagunópolis... Las personas como la Srta Sierra ABUNDAN... PULULAN, son casi como cucarachas en nuestra bella ciudad... y perdonen iberos... pero en la UIA SOBRAN quienes no tienen un quinto y se las dan de chidos del jet-set local...
2 chida historia =)
nancys se encuentra a ella misma... me gusta leer tu blog... muy bonito conocerte tambien por escrito.
y si, mister LC tiene muncha razon al respeito, yo lo miro muy seguido con las "ñoras copetonas" ki vienen al museo.
Publicar un comentario