La historia comienza así:
Viernes de antro con “El Aquimichú” ( si si como el burrito) en Durangópolis no puedo decir que me la pasé genial, pero tampoco me la pasé mal… más bien diría que esperaba más de él, y menos, mucho menos del antro y de los anfitriones, y como suele suceder, las cosas salen al revés: él se portó muy al margen, mientras que la otra parte superó mis expectativas.
Y no es que quisiera una noche loca llena de placeres, cosas sucias y perversas, más bien esperaba que si ya había hecho el viaje por lo menos se pusiera las pilas, la pasara bien y quitara su cara de perro, cosa que jamás sucedió.
Como suele sueder la despedida en Lagunópolis fue bastante equis y con una promesa de llamada que hasta el momento no ha entrado, ni quiero que entre, por primera vez no me siento triste de comprobar que tiene froot loops en el cerebro y que si sigo esperando que se dé cuenta de lo que siento, igual y me quedaré esperando toda la vida y parte de la otra.
Como dije arriba, las cosas salen al revés, y el sábado que me visualicé dormida en mi casita desde temprano, empezó con unas chelas en una cantina con Lalo y sus amigos. Con la firme intensión de solo tomarme una, más que por gusto por el compromiso de salir con ellos, acepté eso sí, amenacé diciendo que en cuanto me la terminara volvería a mi guarida. Luego me dije a mi misma: total ya estoy aquí me tomo otras y me despido.
Así que la que empezó muy tímida y arrancherá en el rincón del bar terminó con Las Bratz en un antro de ambiente baile que balie, grite que grite y saludando a todas las celebridades locales a las que no veía desde hacía un buen tiempo.
Al final de la noche, o más bien inicios de la mañana de hoy, recordé lo bien que la pasaba antes, sin cargar esa bola de marañas mentales, sin sentir esa ansiedad por no saber de él y sobre todo sin que me dijeran que soy una intensa.
Me sentí feliz de haber terminado mi noche cantando love today con las Bratz y no haber terminado llorando sola en casa. Por más que quería no podía evitar el carcajearme cada vez que me acordaba de la frase aquimichunesca de: "Al rato hablamos"
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